The Walking Dead 5: análisis del episodio 10
Matthew Perez
Updated on March 22, 2026
Tras su regreso triunfal, donde lo dramático y onírico (incluso surrealista) inundaban todo, es hora de volver a la realidad, de bajar de la nube y seguir caminando por el suelo sucio y agrietado. En paralelo con Rick y el grupo, el capítulo de esta semana de The Walking Dead intenta reponerse de los últimos acontecimientos pero, al igual que ocurre con Daryl, Sasha o Maggie, parece ser una tarea imposible de conseguir. Lastrado por la necesidad de mostrar toda la tristeza de los personajes, el capítulo apenas consigue avanzar en la trama y se queda estancado en un concepto que ya fue sobradamente tratado en sus predecesores y del que poco más se puede sacar, más allá de regodearse en el dolor de los protagonistas. Aunque no es un episodio de los que perduran en el recuerdo más allá de los próximos "previously on AMC´s The Walking Dead", el episodio nos regala varias imágenes potentes, escenas destacadas, un cliffhanger y conceptos que merecen, al menos, este análisis semanal. A partir de aquí no vamos a escatimar en detalles, por lo que te recomendamos ir con cuidado mientras cruzas territorio spoiler.
Them, como su nombre indica, es un episodio para el grupo, un capítulo en el que vemos como cada miembro intenta seguir adelante tras las muertes de Beth y Tyreese a través de una huida hacia delante que no se sabe muy bien a dónde conduce. Las dudas, la desesperación y la pena se han adueñado por completo de los protagonistas, que están ante un desgaste no sólo mental, sino también físico. La comida y el agua escasean y el enorme esfuerzo de recorrer a pie decenas de kilómetros hasta Washington no ayuda a que el grupo tenga un momento de respiro para llorar a sus muertos. El prólogo lo muestra perfectamente, cuando vemos a Maggie llorando desconsolada por la muerte de su hermana, hasta que un muerto viviente decide hacer acto de presencia y acabar con ese momento de luto (puñalada en el cráneo más que merecida). Junto a la hija de Hershel, tenemos a los otros dos grandes protagonistas del episodio: Daryl, que se esconde bajo su fachada de tipo duro y buscavidas (convirtiendo lombrices en desayuno) y Sasha, que adopta una postura más agresiva, alimentada por una ira descontrolada que traerá más de un problema al grupo. Si no, que se lo digan a Michonne, Abraham y Rick, que ven como su plan para ahorrar fuerzas a la hora de acabar con una horda de caminantes se va al traste ante la temeridad de Sasha, que casi apuñala a la dama de la katana, llega a cortar en el brazo al Sargento y está a punto de conseguir que muerdan al Sheriff. Cada uno de los tres personajes afectados directamente por las últimas muertes ofrece una perspectiva diferente de cómo afrontar la pérdida de un ser querido, lo que, al menos, sirve para aportar variedad a las escenas y ayuda a definir aún más sus distintas personalidades.
Antes del combate como tal, la serie desarrolla un concepto que, si bien se ha tratado a lo largo de sus temporadas, no se ha convertido nunca en un asunto preocupante. En este episodio notamos, por fin, que la falta de comida y agua es algo más que un bache temporal (como piensa Rick). Es un peligro importante que desgasta al grupo hasta el punto de tener que dejar que una horda de muertos les persiga (a paso zombi, eso sí) para ahorrar sus últimas fuerzas (una de las imágenes más poderosas del capítulo, por cierto). En los primeros momentos de la crisis zombi y en los meses posteriores, encontrar provisiones sólo ha requerido del esfuerzo de buscar y recolectar. Ahora la cosa se complica; los riachuelos ya no llevan agua (aunque no parece que sea sólo por culpa de la naturaleza) y quedan pocos animales por cazar. La búsqueda de alimento se acerca más al concepto que películas como La Carretera muestran con maestría que a lo que vimos en la primera temporada de la serie, cuando Glenn asaltaba alegremente los supermercados de Atlanta. De manera subconsciente, no podemos evitar pensar que quizá Gareth y sus amigos caníbales estaban un paso por delante de nuestros protagonistas, y que el futuro está en elaborar recetas donde el ingrediente principal sea la carne humana. Mientras llegan a este punto, Rick y los suyos se deleitan con un festín en el que la carne de unos perros con malas pulgas, aderezada con el plomo del rifle de Sasha, es el plato estrella.
Aunque la desolación y desesperación de Maggie (que llega a pagar con Glenn y el, de nuevo, testimonial Padre Gabriel), la aparente insensibilidad de Daryl (que se quema con un cigarrillo sólo para sentir algo y sacar a relucir su amargura) y la temeridad de Sasha son los temas principales, existen otros de menor desarrollo pero de gran importancia, como la pérdida de fe en el grupo representada en el alzacuellos del Padre Stokes ardiendo en la hoguera o la falta de un objetivo ilusionante. Ante el ambiente de desánimo y, en algunos casos, abandono, surgen aquellos personajes que de una manera u otra intentan ayudar a los más afectados a seguir adelante. Michonne, Carol, Carl, y Rick en su rol de líder intentan, sin mucho éxito, que el grupo (y la trama) avancen. A esto se suma un regalo inesperado de "un amigo" en forma de litros de agua, que sirve para poner en relieve, de nuevo, la idea de que en el mundo de The Walking Dead la confianza en los desconocidos es (y debe ser) nula. Woodbury, Terminus y el Hospital de Atlanta son suficientes razones para que, como espectadores, aplaudamos el manotazo de Abraham a Eugene cuando éste intenta echar un trago del regalo.
En pleno debate sobre si beber o no, el equipo de AMC decide dar un respiro a los personajes en forma de lluvia (o deux ex machina) para recobrar energías, renovar un poco la fe y acumular algo de agua más potable y segura que la del misterioso benefactor. Sin embargo, como ya experimentó Maggie al principio del episodio, los respiros en The Walking Dead duran poco, y apenas 15 segundos después de las risas, la tormenta parece menos amistosa y es hora de refugiarse en el granero que encontró Daryl durante su "estallido emocional". La improvisada acampada servirá para compartir impresiones alrededor de la hoguera y para acercarnos un poco más a las motivaciones de Rick. Todo lo que ha pasado ha servido para darse cuenta de que para sobrevivir hay que hacer lo que sea necesario, incluso convertirse en muertos vivientes sin remordimientos que hacen lo que sea para seguir vivos. Daryl discrepa, y parece que el enfrentamiento del cobertizo le da la razón. La forma en la que el grupo empuja la puerta por la que quiere entrar una horda de zombis hambrientos adquiere un tinte simbólico, como si fuera la última barrera entre la humanidad y el resto de zombis, como si sólo la unión del grupo pudiera salvarles de convertirse en auténticos muertos vivientes.
La siguiente escena, en la que Maggie y Sasha despiertan junto al grupo de un sueño aparentemente apacible, nos hace pensar que el intento de invasión tiene más pinta de sueño compartido que de amenaza real y que las escenas oníricas se han convertido en un recurso más de la serie. El panorama que encuentran las dos al salir del cobertizo, en el que árboles y ramas han empalado a decenas de muertos vivientes, demuestra la naturaleza devastadora de la tormenta, como si su objetivo fuera arrasarlo todo y obligar a empezar de cero. Eso es exactamente lo que Sasha y Maggie se proponen: seguir adelante y superar la pérdida. Pero por tercera vez en el episodio, se demuestra que no hay momento para la tranquilidad. Un misterioso (y aseado) desconocido se presenta ante ellas. Se trata de Aaron, un hombre que parece saber mucho del grupo y Rick. Si tenemos en cuenta lo que representa este personaje en los cómics y la música de la caja de Maggie que cierra el episodio, podemos intuir que se acerca algo nuevo y prometedor.
Esperamos que sea así y la llegada de Aaron abra un nuevo arco argumental que acabe de una vez por todas con una peregrinación que a cada capítulo que pasa pierde más sentido. El episodio de hoy baja el nivel y se acerca peligrosamente a un capítulo de relleno. Se salva de la quema gracias a unas cuantas buenas imágenes (el grupo deambulando exhausto por la carretera con una horda de zombis a sus espaldas, el alzacuellos de Stokes en el fuego), ideas interesantes (las reacciones a la lluvia, en la que todos ríen excepto Daryl, Maggie y Sasha es un gran recurso para mostrar la división emocional del grupo) y la aparición de Aaron como cliffhanger. El mensaje de "encontrar sitio o morir" ya ha dado todo lo que puede y es la hora de entrar en una nueva fase/lugar que sirva como desafío para desarrollar nuevas historias y situaciones que ayuden a que sólo sean los personajes de la serie los que muestren síntomas de agotamiento. La semana que viene promete buenas dosis de acción y tensión. Y nosotros nos frotamos las manos.
Juanjo Velasco es colaborador de IGN España, lo podéis encontrar en Twitter para hablar de casi cualquier cosa, hasta de zombis